En pleno conflicto con el “campo”, recuerdo que en una reunión política alguien se lamentaba de esos que, buscando deslegitimar la posición oficial, ponían el video de Néstor gobernador, donde decía que Menem “era el mejor presidente de la Historia argentina”. Esa clase de chicanas volvían imposible cualquier discusión. Los que ponían el video eran los de TVR, cuando Gvirtz era de la “opo“.
Me acuerdo ahora que veo un tape de 678, donde se preguntan por el rol de los intelectuales. Ponen un artículo de Sarlo del 75, apoyando a López Rega -tal como se alineaban los maoístas por entonces-, lo que le vale comparaciones con Grondona. Después la vemos levantándose de una mesa donde estaba Viñas en el 98. Jodida, la vieja. Un par de viñetas más por el estilo y no mucho más. Ya de nuevo en el piso, Aníbal Fernández la destroza y la tribuna aplaude. Barragán, algo caliente, se pregunta para qué se hacen informes como esos. Yo me pregunto lo mismo.
Imagino por un segundo cómo reaccionaría si un informe preguntándose por el rol de los políticos hiciera eje en Kirchner, y eligiera para mostrar el mentado video, a lo que sucediera una infografía que mostrara la evolución exponencial de su patrimonio desde el 2003 hasta su muerte. Cerraría el tape un par de tapas de Noticias: la que titulaba “Fachoprogresismo”, en la que vía fotomontaje salía lookeado de Führer, y la post mortem en la que entrevistaban a una supuesta amante. Y listo. ¿Hablamos de Kirchner al mostrar esta serie de pelotudeces? Y, fundamentalmente, ¿hablamos de política?
Lo pienso porque aquel primer informe me pareció, en lo fundamental, terriblemente anti-intelectualista. Pero no es sólo el informe. Se sostuvo en medio de esta batalla que para entender este momento político era condición necesaria comprometer cierta condición emocional. Dar lugar a las pasiones, a algunos elementos que escaparan a la razón. Si es así, pienso que estamos jodidos. Si para justificar nuestra adhesión a CFK tenemos que apelar a los sentimientos, algo anda mal. Porque esa dimensión, que existe y es lógica, no suple de ningún modo el carácter profundamente racional que debe regir los argumentos que sostienen la premisa de que éste es el mejor gobierno desde, por lo menos, la recuperación democrática. Si no estamos lo suficientemente formados como para tirar abajo uno por uno los argumentos de gente como Sarlo, y lo único que tenemos para tirarle es su soberbia o lo que suscribía cuando bailaba el Mao-mao, insisto: estamos hechos. Sobre todo porque no es nada complejo hacerlo: Verbitsky lo hizo y muy bien, breve y contundente, con una tapa elocuente en Página/12. Y sin apelar a chicanas berretas.
Tal vez como guía rectora de los tiempos que uno espera que vengan puedan servir los planteos que hace María Pía López en este artículo, publicado recientemente, un poco a cuento de cuestiones que atraviesan transversalmente estos campos antagónicos. Sólo así no banalizaremos al interlocutor, dado que, probablemente de ese modo, estemos banalizándonos a nosotros mismos.
0 comentarios:
Publicar un comentario