lunes, junio 13

Hebe

Entre lo previsto figuraba la lengua de crápulas que, hasta acá agazapados,  esperaban una ocasión como ésta para la venganza. Estaba claro -lo estuvo siempre-, que tanto encono contenido, a la espera de mejor suerte, asomaría en todo su esplendor cuando la ocasión se los permita; cuando la fisura finalmente aparezca. Por eso no sorprendió. De ellos no sorprendió en lo más mínimo. Uno tiene bien presente que tal coyuntura los hace sentirse a sus anchas y, hay que decirlo, de alguna manera están en su derecho. Es decir, es al menos coherente con lo que pensaron siempre. Eran los que muy tranquilos estaban mientras las viejas sólo cortaban una calle para apoyar algún reclamo marginal. O cuando recibían algún palo fruto del cariño policial de tiempos pasados (y esto le cabe también a tanto progresista de piquito fruncido y a sus editoriales canallescas de dedo levantado)

De los que sorprende es de los otros. Los que hoy escuchamos casi en cadena y funcionan como punta de lanza de los ya mencionados. A mí al menos no cesa de hacerme ruido que el audio más repetido estas últimas horas haya sido el del candidato del Frente de Izquierda, Altamira, regocijándose por el tambaleo de la política de DDHH. O que Bonasso, Donda y demás, embelecen a los conductores de Mitre cuando estos les preguntan por el caso. Y, ah, añoren esos tiempos gloriosos en los que los organismos eran sólo esa cantera simbólica a la que acudir en un discurso encendido en una marcha. Y gocen con el linchamiento. “Ahí tenés -pensarán-. Yo te avisé”. Porque si no, no se entiende. ¿Es que no se dan cuenta? ¿Es que acaso no tendrían que calcular el daño que le hacen? ¿O no tienen presente que la vieja tiene 82 años? ¿O no dan dimensión a la terrible violencia que significa que los grupos mediáticos concentrados, la oposición conservadora y las rémoras golpistas le caigan encima a esa vecina platense, de casa humilde? La misma a la que le comieron el alma. La misma que sólo soñó con cumplir el sueño de sus muertos. Que es, justamente, cumplir el sueño de los que ni se permitieron mucho tiempo hacerlo.

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