Permítaseme la lombroseada. Pero es que a priori otra cosa no puede pensarse; cuando se contemplan esos desplazamientos de punta a punta, cuando unida a la destreza aeróbica se liga un vestuario de jogging recortados, gorrita o en su defecto ese parcial rapado que deja una virtual cofia sobre la mollera. Y cuero, mucho cuero. En efecto, el boceto inicial de esto incluía un breve párrafo algo sarcástico refiriendo a esos universitarios amanerados de clase media urbana que, demostrando profesionalismo, habían cuidado su look de tal modo que parecían, efectivamente, guachines. Grande fue la sorpresa, entonces, cuando leyendo el programa de Los Posibles descubrí que quienes conformaban el elenco, con virtuosismo y prolijidad admirable, eran jóvenes de González Catán sin experiencia alguna en danza. Habitúes del Centro de Día Casa Joven La Salle, tras un seguro intenso entrenamiento presentaban una obra que, creo entender, reflexiona sobre el sistema penitenciario. La referencia a quienes conforman el elenco, como se verá, no es menor, puesto que de allí dimana lo seguramente más interesante que podamos extraer de aquel hecho teatral.
Corresponde una advertencia: Los Posibles está exenta de todo voluntarismo, piedad absurda y lugar común en torno a lo que pueda pensarse como “inclusión de sectores vulnerables” (a pesar de lo que señale el programa). Cargada de sutileza y simbolismo, la obra dirigida por Onofri Barbato destella atmósferas sombrías, abióticas, probablemente inspiradas en el terror sci-fi, en esas naves espaciales silenciosas, inhabitadas, húmedas.
Al modesto entender de quien suscribe, Los Posibles deconstruye la subjetividad carcelaria y la expone abstracta, pero no por ello librada de todo anclaje geográfico y temporal. Es decir, están allí la deshumanización en el trato propia de todo sistema penitenciario, el homo erotismo contenido y la violencia… La violencia borboteando en la sangre (los “oooh ooh ooh“ del final), a punto de bullir y coronar una tragedia. Pero no caben dudas de que estamos en un penal latinoamericano. Vamos más lejos: estamos en el Sistema Penitenciario Bonaerense; el sistema penitenciario con mayor porcentaje de internos con prisión preventiva del continente (superior al 75%), en el que mueren violentamente alrededor de 40 internos por año, sumados a los que lo hacen producto del HIV, la tuberculosis y la neumonía. El mismo que padece, si contamos a los recluidos en comisarías, una sobreocupación cercana al 40%, constantes denuncias de tortura y severidades varias.
Estos datos se resignifican al conocer la procedencia de los intérpretes antes mentada. Quienes actúan en Los Posibles tal vez no hayan participado en la creación de la obra, pero eso es cierto sólo a medias. La interpretación, al menos acá, crea teatro.
El investigador Javier Auyero avisa: desde hace un tiempo es estrecho el vínculo que liga a las familias del conurbano con la cárcel. Son muchos los que tienen amigos o parientes adentro. Por ello no extraña que estos bailarines conozcan argot y modales de la prisión, que dominen pose y ánimo de los que están privados de su libertad. Onofri Barbato logra que sean los ojos del cuerpo de los que habla Arendt los que atestigüen en Los Posibles. En el desenfado final queda claro: los cruces allí entre interpretación y no actuación dejan pocas dudas; ese crescendo interpela al público señalándole la verdad de lo que vio. Esos ojos del cuerpo, sus simples verdades objetivas, vistas y presenciadas con ellos, dan cuenta de las injusticias ininterrumpidas del sistema penitenciario, son documento inscripto en cada movimiento, en cada mirada. Y dan ganas de tirar a la mierda la 24.660 y reemplazarla por el Vigilar y Castigar.
Los Posibles, por el Grupo KM29. Dirección de Juan Onofri Barbato. Estrenada en mayo del 2011 en la Sala TACEC del Teatro Argentino y repuesta los días 1, 2, 3 y 4 de diciembre.
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